Gas natural, un aliado contra el cambio climático

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A cinco años de 2020, año en el que la Unión Europea debería haber alcanzado el famoso objetivo del triple 20 (un 20% menos de emisiones, un 20% más de renovables y un 20% más de eficiencia energética) la Comisión Europea ya se plantea los objetivos de su política climática para 2030.

La principal meta propuesta para ese año es la reducción en un 40% de las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) respecto a los niveles de 1990. No sólo eso, la CE se plantea una reducción de las emisiones del 80% en 2050. Unos objetivos ambiciosos que tienen en el gas natural a un gran aliado.

Gas natural, un aliado contra el cambio climático Bahía de Bizkaia Gas (BBG)

 

¿Por qué el gas puede jugar un papel crucial en la reducción de los GEI?

Teniendo en cuenta el proceso completo de extracción, acondicionamiento, transporte y utilización, el gas natural es el combustible fósil con menor impacto ambiental. En el caso concreto del CO2, su emisión por energía contenida es aproximadamente un 50% menor que la del carbón, y hasta un 30% menor que la del petróleo en aplicaciones térmicas. Según la Unión Internacional del Gas (IGU), el gas natural genera 0,35 toneladas de CO2 por megavatio/hora producido, frente a las 0,80 del petróleo o los 0,85 del carbón.

Cuando se usa para la generación de electricidad, es el que emite menos gases contaminantes (70% menos de NOx y 99% menos de SOx) por unidad de energía producida y se caracteriza por la ausencia total de emisiones de partículas sólidas, lo que se traduce en una mejora evidente de la calidad del aire en las ciudades.

Además, la utilización del gas natural licuado (GNL) para transporte marítimo reduce las emisiones y mejora la calidad del aire de los puertos y áreas cercanas. Aplicado al transporte terrestre, es una alternativa real a los combustibles tradicionales: en comparación con uno a gasolina, un vehículo a gas natural emite entre un 20 y un 30% menos de CO2.

Estados unidos es un claro ejemplo de los beneficios del gas para el medioambiente. Gracias a la abundancia de gas natural a precios competitivos, gran parte de la industria estadounidense ha dejado de usar carbón en sus procesos, para adoptar el gas natural como combustible principal. El resultado: las emisiones de CO2 registradas en el país en 2012 se redujeron hasta alcanzar las cifras de 1995.

Innovación y flexibilidad

Por otro lado, el gasista es un sector habituado a la innovación y al aumento de la eficiencia energética (otro de los objetivos de la CE para 2030). Desde las calderas de condensación para los hogares hasta los sistemas de cogeneración para la industria, las soluciones a gas destacan por su alto rendimiento y sostenibilidad.

Se trata además de un combustible muy flexible. Puede entrar en funcionamiento en cualquier momento para generar electricidad cuando las renovables no son suficientes para la demanda, lo que encaja a la perfección con otro de los objetivos de la Comisión Europea para 2030: aumentar la presencia de las renovables.

Mayor diversificación e interconexión

Con la excesiva dependencia del gas ruso como telón de fondo, la estrategia 2030 de la Comisión Europea pone también el foco en el aumento de la diversificación e interconexión energética entre los estados como medio para mejorar la competitividad y la eficiencia.

En este sentido, el sistema gasista español —uno de los más diversificados de Europa con once proveedores diferentes y 7 plantas de regasificación—, puede jugar un papel fundamental de cara a garantizar y asegurar el suministro energético.

Al contrario que el conjunto de Europa —donde el 86% del gas llega a través de gasoductos—, el gas llega a España tanto por gasoducto como en buques metaneros en forma de gas natural licuado (GNL) en proporciones variables, lo que permite una mayor diversificación y flexibilidad. Ante un posible problema de suministro en un país proveedor, una planta de regasificación, como Bahía de Bizkaia Gas, puede importar GNL desde cualquier parte del mundo.

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