Simulacros en BBG: seguridad garantizada

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La planta de regasificación de Bahía de Bizkaia Gas (BBG) está preparada para poder hacer frente a cualquier tipo de emergencia prevista. Los simulacros forman parte de sus medidas de seguridad y prevención; son una herramienta de entrenamiento práctico que ayuda a comprobar que el sistema de respuesta ante una emergencia es el adecuado, y a chequear si las instalaciones funcionan correctamente.

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En los simulacros participa todo el personal de BBG y de las empresas contratistas que en ese momento se hallen trabajando dentro de la planta. “Cuando suena la alarma es cuando comprobamos que las instrucciones que se han proporcionado a los profesionales son correctas y las han asimilado, para que cada persona actúa como tiene que hacerlo”, explica Oskar Sanz, responsable de Salud, Seguridad, Medio Ambiente y Calidad (SSMAQ) de la planta.

Industrias como BBG están obligadas por ley a realizar un simulacro anual. Pero en BBG, además del simulacro obligatorio que anualmente se fija en el calendario, se realizan sin previo aviso otros dos ensayos más cortos. Bajo la denominación “Todos a sus puestos”. Los simulacros sirven para evaluar alguno de los once incidentes o escenarios accidentales contemplados en el informe de seguridad de la regasificadora. Entre ellos se encuentra, por ejemplo, la rotura o desconexión imprevista de uno de los brazos de descarga de buques.

“Son escenarios de probabilidad baja” puntualiza Sanz. En el último simulacro “Todos a sus puestos” se han valorado —de forma positiva— el control de evacuación y algunos cambios realizados en los equipos de segunda intervención, que son equipos de refuerzo compuestos por cuatro personas que apoyan a los equipos que acuden en primer término a luchar contra un fuego o a controlar las consecuencias de fugas u otro tipo de accidentes.

Reuniones de evaluación

En una emergencia, cuando suena la alarma, todas las personas que están trabajando han de dejar su puesto de trabajo en las mejores condiciones de seguridad para acudir al lugar que el organigrama les indique (si han sido instruidos para formar parte de los equipos de emergencia, a los equipos de primera o de segunda intervención, y si no, simplemente, habrán de evacuar). “Es en los primeros minutos de un accidente cuando existen más posibilidades de pararlo y evitar que vaya a mayores”, explica Oskar Sanz. Un simulacro permite verificar el correcto funcionamiento de los mecanismos de coordinación y de los recursos técnicos y humanos.

Finalizado el simulacro se realizan dos reuniones de evaluación, una a nivel de los responsables de coordinación de Emergencia y otra con los responsables de los equipos de primera y segunda intervención. Posteriormente se emite un informe que pone de relieve los resultados positivos y las áreas de mejora. Así, una vez evaluados los distintos parámetros, tras el último simulacro BBG ha colocado más megafonía en la zona de atraque de los barcos metaneros, ya que algunas personas que se encontraban trabajando allí dijeron que no se escuchaban con claridad los mensajes.

Los simulacros forman parte del Plan de Emergencias; sirven para ratificar que los protocolos de detección, activación y comunicación funcionan. “Entre los trabajadores existe una gran conciencia”, subraya Sanz. “Estamos en una empresa que trabaja con una sustancia que tiene riesgos intrínsecos, como es el gas, y hay una regla de oro: evitar, mediante los protocolos adecuados y el correcto mantenimiento de las instalaciones, que suceda un accidente. Los equipos de emergencia y los simulacros son una respuesta ante un accidente declarado, pero lo importante es la prevención mediante unos correctos procedimientos de trabajo y un buen mantenimiento de las instalaciones”. El objetivo: garantizar la seguridad de las personas, de las instalaciones y del medio ambiente.

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