Por qué el gas natural es esencial para mejorar la calidad del aire

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El uso de gas natural para generación eléctrica y como combustible para el transporte podría jugar un papel fundamental a la hora de reducir las emisiones contaminantes que perjudican la calidad del aire, especialmente en zonas urbanas. El motivo: el gas natural es el carburante fósil con menos emisiones.
Por qué el gas natural es esencial para mejorar la calidad del aire

Los datos hablan por sí solos. Un total de 6,5 millones de personas mueren cada año de forma prematura debido a la contaminación del aire según la Agencia Internacional de la Energía (AIE). Este dato sitúa a la polución como cuarto factor de riesgo para la salud humana, por detrás de la presión sanguínea, la mala alimentación y el hábito de fumar.

Según informe elaborado por la Unión Internacional del Gas (IGU), en 2050 cerca del 60% de la población mundial vivirá en grandes ciudades. Estos son algunos de los datos que están llevando a las autoridades internacionales y locales a buscar alternativas drásticas para la mejora de la calidad del aire, alternativas en las que el gas natural está muy presente.

En este contexto, el uso de gas natural en diferentes ámbitos se presenta como una solución real al problema de la contaminación atmosférica. No en vano, es el carburante fósil más respetuoso con el medioambiente, con unas emisiones de CO2 un 45% inferior a las del carbón y un 30% inferiores a las del fuel-oil. Se trata de un combustible sin impurezas ni residuos por lo que lo que no emite partículas sólidas como el hollín o el humo. Además, la propia combustión de este carburante genera dos veces menos emisiones de óxido de nitrógeno (NO) que el carbón y 2,5 menos que el fuel oil; y también reduce casi a cero las radiación de dióxido de azufre (SO2). Todas estas características lo convierten en el combustible fósil más importante en la transición hacia un mix energético sostenible.

Combustible para el transporte

El transporte es el principal causante de la contaminación en las urbes, con un porcentaje del 51%, por lo que las autoridades comienzan a estimular el uso de combustibles respetuosos como el gas natural licuado (GNL) o el gas natural comprimido (GNC) y restringen el uso de los más contaminantes. En la actualidad la demanda de este carburante ya está experimentando un rápido incremento por este motivo: las grandes ciudades comienzan a incorporar gas en su transporte público.

Un ejemplo es la ciudad de Madrid, una de las más azotadas por la polución en España — de hecho el pasado año se vio obligada a activar el protocolo por contaminación—. Este año se ha provisto de una flota de 170 autobuses propulsados mediante gas natural para reducir la contaminación.

Barcelona, otra de las ciudades españolas más contaminadas, cuenta con una flota de taxis que se mueven con gas natural. En el País Vasco, la empresa Transordizia se ha convertido hace poco en la primera empresa de transporte en recorrer Europa gracias a un camión propulsado por gas natural licuado. Y no sólo por carretera. El gas también es importante, y lo será aún más gracias a los planes de la Unión Europea, en el transporte marítimo. Hay que tener en cuenta que gran parte de la polución del transporte marítimo se produce en los puertos, normalmente situados junto a núcleos urbanos.

Gas natural para producción eléctrica

El uso de gas natural para generación electricidad en centrales de ciclo combinado también presenta ventajas: emiten un 80% menos de emisiones de dióxido de nitrógeno y un 100% menos de dióxido de azufre frente a una tradicional de carbón o gasóleo.

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